sábado, 16 de junio de 2007

Viernes 15 de junio, 2007

He hecho un descubrimiento. Todo fue gracias a un comentario de José, sobre la primera escena entre Diana y Marcela. Nosotras (Sandra y yo, al igual que Jazmín y Gaby) estábamos haciendo esa escena a partir del enojo (y los celos) de Diana, haciendo evidente que su molestia era mayúscula. Con esto, Marcela se veía como tonta, contándole toda la verdad a su señora, poniéndose de pechito para que la corriera de la casa. Y vendíamos trama, además, revelando que a Diana le importaba mucho esta relación entre Marcela y Teodoro. Entonces, hicimos una ligera modificación, que a mi parecer queda muy bien con el carácter de mi personaje: Diana finge ante Marcela que, aunque está molesta por lo que ha sucedido, le gusta la idea de la relación, y le vende a la muchacha que ella les va a ayudar a casarse. Marcela cae redondita en la trampa. Diana se aguanta todo lo que siente. Acto seguido, se van las damas y Diana expolta en el monólogo. Ka-boom!

Le presentamos la escena modificada a Viri y dijo que le gusta más que lo anterior. Ahora sólo queda presentársela a Enrique, para que nuestro director le dé el visto bueno. A fin de cuentas, esto va perfecto con todas las indicaciones que ha dado sobre la personalidad de Diana: sabe fingir, es increíblemente astuta, cambia rápidamente de estado de ánimo, se sobrepone a lo que siente (por lo general), sabe conducir las cosas de tal modo que resulten en su provecho. En suma, Diana es maquiavélica.

Jazmín renegó en clase, diciendo que Diana no era maquiavélica. Por respuesta, pondré aquí la definición de esta palabra, según la RAE, que confirma la hipótesis como cierta:

maquiavélico, ca
3. adj. Que actúa con astucia y doblez.

Y, ya que estamos otra vez rondando y perfilando la psicología de Diana, apuntaré a continuación un fragmento de Bola de sebo, de Guy de Maupassant, donde habla sobre el modo de ser de una condesa:

"La condesa, sobre todo, mostró esa gentil condescendencia de las damas muy nobles a las que ningún contacto puede manchar, y estuvo encantadora".

Por cierto: Hernán está fuera del montaje desde el viernes pasado.

domingo, 10 de junio de 2007

Viernes 8 de junio, 2007

Varios sucesos importantes.

Hoy no llegaron Hernán, Lorena e Isha al ensayo. Isha se siente mal. Lorena chocó. Hernán... nadie sabe.

Los actores del elenco B pasaron otra vez la escena de Tristán y Teodoro. La memoria de Tristán, regular, más bien frágil. El trazo, aprendido, por lo menos. Un avance significativo con respecto a la vez anterior, pero... insuficiente. Esto fue más o menos lo que dijo Singer después de ver la escena. Regañó públicamente al actor que hace a Tristán en este elenco, acusándolo de no haber trabajado en casa. El actor se defendió, insultando al resto del grupo: "claro que puedo, y puedo más que muchos del salón".

Después, pasamos nuevamente la escena de Diana con Teodoro. Se hicieron algunos ajustes. Singer me habló de clarificar la intención: que sea más claro lo que quiero hacer. Y vi que yo estaba pensando en algo que no era exactamente lo que debía pensar: yo decía en mi cabeza 'te voy a correr', cuando en realidad Diana está pensando 'te caché'. Afoqué eso y salió un poco mejor.

Nos seguimos con la escena de Diana y Tristán. Mejor. Se hicieron ajustes, también. Aura ya trae el texto de memoria, y ahora sí pudimos jugar.

Y luego pasamos a la escena del Marqués Ricardo con Diana. Y es aquí donde pierdo toda la sensatez, la discreción y el encanto. No entiendo cómo es posible que el actor que debe hacer a este personaje no haya siquiera leído su parte. No sabe lo que dice, no sabe dónde van los puntos y las comas, no sabe nada. Así no se puede trabajar.

jueves, 7 de junio de 2007

Jueves 7 de junio, 2007

Hay tensión en el ambiente. Nos acercamos al final del curso, y apenas estamos trazando el primer acto. Pero no es esto lo que molesta, sino la actitud de algunos en el grupo.

La semana pasada vimos la primera escena entre Teodoro y Tristán. Uno de los actores que interpreta a Tristán (el del reparto B) no estaba en el ensayo, porque 'tuvo que salir de la ciudad por un motivo urgente'. Así que Singer montó la escena con el otro elenco. Nos tardamos más de una clase en esta escena (es decir, más de tres horas). Pero, bueno, a fin de cuentas, había quedado. El problema fue que el martes se presentó el otro actor que hace a Tristán. Singer dijo que ese elenco debía ponerse al corriente, y que después vería la escena ya trabajada. Hoy ocurrió eso: empezamos el ensayo con la escena de Tristán y Teodoro, con ellos. Y no, no estaba trabajada. Paró una vez para decir cómo debía entrar Tristán a escena: el actor que lo interpreta pensaba que venía de haber comido algo en la cocina... cuando Singer le había dicho a Aura, claramente, que venía de haber escuchado chismes sobre los sucesos de la noche anterior, y estaba angustiado, muy enojado con Teodoro. Lo dejó correr una vez más y paró para decirle cómo recibía la entrada de Teodoro. Con esta segunda interrupción, mi nivel de enojo comenzó a subir. Ya no estaba solamente molesta... Me estaba encabronando. Era responsabilidad de estos actores ponerse al corriente. Catorce personas estaban sentadas, viendo por segunda vez cómo debía ser esta escena, y todo por la falta de interés (o la soberbia, o lo que sea) de dos compañeros.

Más de la mitad de la clase se fue en revisar lo que ya se había hecho, ahora con el elenco B. Anoche había pensado que llegaríamos hasta la segunda escena de Diana con Teodoro. Apenas terminamos de montar la escena de Diana con Tristán. Faltaba la memoria del texto. Y cuando quisimos ver la escena del Marqués Ricardo con Diana, oh sorpresa: el actor que hace al Marqués en el elenco A (el mismo que hace a Tristán en el elenco B) no tenía trabajada esta escena. Es decir, no se sabía sus textos. Vaya, no creo siquiera que los haya leído.

No estoy molesta. No estoy enojada. Estoy encabronada. El trabajo de más de diez personas -que han llevado propuestas de vestuario, que se han ocupado de estudiar la corporalidad de su personaje, que han estudiado sus líneas, que han pensado en las relaciones con los demás personajes, que llevan propuestas de utilería, etcétera, etcétera, etcétera- se ve frenado por la flojera, la hueva, la apatía o la franca malaleche de uno solo de los actores. Mismo que, en el repaso que hicimos en la clase de Marcela del miércoles para revisar cuestiones de expresión corporal, se dedicó a aventar bolitas de papel a quienes estábamos actuando. De pronto, me siento en la primaria. El problema es que, en menos de dos meses, tendremos un diploma que nos avala como 'actores profesionales'. Y no, ése no es el nivel de todo el grupo.

No dudo del talento de mis compañeros. Dudo de su profesionalidad. Quizá deberían intentar hacer cine o tele. En el teatro, arruinan el trabajo y el entusiasmo de los demás. Si tan sólo alguien tuviera el valor de correrlos de una buena vez...

Pero, como he aprendido en mis tres años de estancia en CasAzul, aquí no van a correr a nadie. Mientras paguen, mientras hagan como que hacen, seguirán ahí. No vale la pena gastar saliva quejándose. Mejor, a trabajar. Ya me sé de memoria todo el primer acto, y buena parte del segundo. He ido descubriendo particularidades en el carácter de Diana, gracias a los ensayos con Singer y los repasos con Marcela. Tengo detectados los momentos en que no me siento cómoda del todo, como la escena con Marcela y el mero principio de la obra (esos gritos todavía se oyen algo atorados). Sigo buscando alternativas para arreglar esto. Para todos estos casos, me he fabricado un par de reglas a partir de los consejos de Singer: buscar una acción concreta, y relacionarme con el otro.

Tengo pendiente seguir hurgando en las entrañas del primer monólogo de Diana para sacarle más jugo.

jueves, 31 de mayo de 2007

Jueves 31 de mayo, 2007.

Esta profesión es difícil. Es tanto como subir la autoestima a un carrito de la montaña rusa y sentir el vértigo. Hoy por hoy, vamos en picada. O no tanto, pero se siente de la chingada.

Datos específicos:

- Seguimos marcando trazo.
- Pasamos el primer monólogo de Diana ("Mil veces he advertido..."). Sudé frío.
- Singer habló de los códigos de conducta entre los señores y sus criados. Debo investigar y trabajar en esto, sobre todo apoyándome en Marcela.
- Estoy decaída. No hay ningún motivo específico. Sólo... me siento así.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Miércoles 30 de mayo, 2007.

Y, bueno, ha pasado casi un mes desde el último post. Hay más noticias sobre nuestro montaje. Ya estamos trazando. Los ensayos se 'complejizan' (qué fea palabra), porque se suma un nuevo elemento: el cuerpo. ¿Qué hago con mis manos? ¿Dónde las pongo? ¿Cómo camino? ¿Para dónde veo? Diantre. Esto es complicado.

Sin embargo, cuando las indicaciones se van mecanizando (otra palabra horríspida), cuando uno -el intérprete- asume lo que el director pide, y lo ensaya una, dos, tres y cientos de veces, el movimiento comienza a ser más fluido. Se encuentran nuevos estímulos: volteo al frente e imagino una ventana por donde veo las casas vecinas, lo cual se erige como estímulo que encamina mis pensamientos, apoyando la línea que había trazado durante el análisis del texto. Las miradas de mis compañeros de escena son el mejor apoyo. Procuro estar al pendiente de ellos. Si me pierdo por un segundo, sé que si me dejo caer en su presencia regresaré al buen camino.

Marcela Aguilar nos está echando la mano en esta parte del trabajo. Con ella repasamos las escenas montadas. Vemos los detalles, nos propone una coreografía de movimientos. La única traba que tenemos hasta ahora es que algunos no se presentan a estos ensayos con Marcela. Pero Singer, con la autoridad que se ha ganado, nos ha llamado la atención: no es optativo ir a las clases de Verso y de Expresión Corporal, porque ahora esos espacios son también horarios de ensayo.

Avanzamos.

Tengo periodos de enorme inseguridad seguidos por otros de mayor confianza en mi trabajo. Pienso que es natural. Sentirme segura me permite dar un paso más allá. Entonces, con esa pisada, se tambolea la estructura, me mareo y sobreviene la angustia: todo lo hago mal. La inseguridad se instala en mí sólo para hacerme ver que todavía queda mucho por hacer. Mi personaje aún está en obra negra, igual que el resto del montaje. No me puedo conformar con lo hecho. Observo a mi alrededor: doy y recibo. Así es esta chamba.

viernes, 4 de mayo de 2007

Jueves 3 de mayo, 2007

La obra comienza a hacerse realidad. Hoy fue Chío a ver un ensayo y a escuchar nuestras propuestas para el vestuario de los personajes. Además de encargarse de esto, ella hará la propuesta de escenografía. Estamos entrando al terreno de la producción, finalmente. Ahora sí, a diferencia de nuestra experiencia del año pasado (omito adjetivar cómo fue), todo parece ordenado, guiado. Las tensiones en el grupo, que empiezan a manifestarse poco a poco (estamos cansados, es mayo, hace calor... etcétera) se disipan cuando nos ponemos a trabajar.

Los consejos de Singer no dejan de ser útiles. Menciono otros 'mandamientos' para el Decálogo del Actor:

"Evita los pleonasmos. No des una buena noticia con cara y tono de que estás dando una buena noticia: busca algo diferente. Puede ser, por ejemplo, que des una buena noticia retando al otro, o disfrutando el momento y las reacciones de los demás cuando la propones".

"Cuando sientas que hay una reacción falsa, deténla. Si das el tiempo suficiente, aparecerá una reacción verosímil, verdadera".

"Busca la comodidad. Si no te sientes cómodo, busca algo diferente hasta que encuentres ese estado. No quedes satisfecho hasta encontrarlo. La diversión es consecuencia de esta comodidad: no hay que procurar la diversión por sobre todas las cosas, sino la comodidad. De ahí derivará la diversión, que es estar concentrado en algo, en otra cosa".


Quedan pocas semanas de ensayos. Seguimos en el trabajo de mesa, ya en el tercer acto y avanzando. Por cierto, la atmósfera del tercer acto es radicalmente opuesta a la de los dos anteriores. Tristán se convierte en un personaje central, y será él quien en última instancia resuelva el conflicto.

Falta poco tiempo. Hace falta mucho trabajo.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Miércoles 2 de mayo, 2007.

Y, bien, ayer hubo ensayo y me lo perdí. Según me cuentan, fue uno de esos días en que Singer llega inspirado y derrocha conocimiento práctico para jóvenes actores (in this case, us). Entre lo poco que pudieron articular mis compañeros sobre ese ensayo, me pasaron las siguientes palabras (parafraseadas) del maestro:

'Para entrar a escena, no hay que pensar en otra cosa más que en lo que ha estado haciendo el personaje en los minutos previos'.

'El objetivo de la escena muchas veces se descubre en la escena, estando ahí'.

'Para descubrir el objetivo de una escena, hay que leerla. Para un actor, no conviene definir el objetivo de antemano'.

'Cuando la razón entiende algo, es muy difícil que luego preste esto a la intuición'.


Tengo algunos otros mandamientos para el 'Decálogo del actor adolescente', pero preferiría escribirlos cuando los tenga completos. Todavía sigo tomando dictado en el Monte Sinaí. Falta que me enoje con la tribu idólatra que me espera en las faldas del cerrito, que rompa la mitad del dictado y que promulge como leyes inviolables los que queden a salvo.

Mañana, jueves, llevaremos las imágenes que hemos ido eligiendo para nuestros personajes. Alguien -que será la encargada del diseño del vestuario- verá todo ese collage visual y lo tomará, posiblemente, como inspiración. Yo sigo buscando unas malditas botas con tacón para Diana.

Por cierto, la semana pasada trabajé la expresión corporal de Diana con Marcela Aguilar. Creo que me falta concretar mis ideas. Tengo vagas sensaciones que se quedan en el aire, todavía. Pero, entre los hallazgos, debo anotar uno: le conté a Marcela mi percepción de que Diana está amarrada, frenada, con la rienda corta. Marcela entonces me dijo que trabajara esa sensación a partir de lo que pasa con los caballos, que los jalan de la brida, 'hundiéndoles' el hocico hacia abajo. Sin llevar esto al extremo, con elegancia y sutileza (esa fue otra nota para seguir trabajando: aligerar los movimientos, hacerlos más gráciles, darle mayor movilidad al cuello), voy a buscar por este lado, a ver qué encuentro. Quisiera llegar a algo todavía más concreto, una imagen física contundente. I'm busquing. Ya daré con esto.